Pensamientos del Arca

La rueda de hámster construida por uno mismo

No salí de la rueda de hámster. Me construí una nueva.

En algún momento comprendí que no había salido de la rueda de hámster.

Me había construido una nueva.

Una mejor.

Una que yo mismo había diseñado.

Con mejores materiales. Con mejores vistas. Con rodamientos más silenciosos.

Y sobre todo con la tranquilizadora certeza de que podía abandonarla en cualquier momento.

Pero no la abandono.

Ajusto. Mejoro. Cambio pequeños detalles que nadie salvo yo notaría.

Giro tornillos que no tienen nombre.

Cada vez más fino. Cada vez más preciso.

El cálculo infinitesimal tiene para ello un lenguaje honesto.

Uno puede acercarse infinitamente a una meta sin alcanzarla jamás.

El límite existe. Pero uno mismo no lo alcanza.

Siempre queda una diferencia. Un resto. Una distancia entre lo que es y lo que podría ser.

Antes eso me molestaba. Hoy me tranquiliza.

Porque significa que no hay un último paso.

Ningún punto en el que todo esté terminado.

Ningún momento en el que se pueda decir: ya he llegado.

La vida no es un lugar. Es una aproximación.

Y quizá precisamente por eso sigo adelante.

No para llegar. Sino para seguir acercándome.

Volver a la vista general de pensamientos