No eres un pasajero clandestino porque no puedas ver. Tal vez lo seas porque mantienes oculto tu verdadero yo.
Llevas mucho tiempo a bordo. Escuchas conversaciones, observas y piensas. Pero todavía no te unes de verdad.
Quizá ves la luz en cubierta y el horizonte. Sin embargo, permaneces en el vientre del barco.
El Arca sigue avanzando. No arroja a nadie por la borda. Invita. No como castigo, sino para encontrarse.
En el Arca todos pueden hacerse visibles. Los pasajeros silenciosos se convierten en compañeros de viaje. Y los compañeros pueden convertirse en aliados.
Sube a cubierta. Mira el horizonte. Quizá nunca estuviste ciego. Quizá solo evitaste mostrarte durante demasiado tiempo.
